La única máquina del tiempo que conozco, está frente a mis ojos cada vez que miro el cielo nocturno sin estrellas.
Toda mi vida no es más grande que un segundo de su luz.
Viajo en la eternidad del presente, porque sé que la eternidad de mi alma no es distinta a la de las partículas. No necesito saber nada más.
Tengo los abrazos, los besos y hasta las lágrimas. Por supuesto la pasión, la intensidad de las buenas verdades y más abrazos y más risas a carcajadas.
Mi soledad acompañada ha sido más afortunada de lo que imaginaba.
Junté más pasos, hice varias veces las maletas y sigo aquí.
Aunque tuve miedo, no partí, pero no fue fácil algún tiempo atrás.
Aprender a vivir es aprender a caminar con el alma y el corazón despierto, atento y sincero al menos con una misma.
Aprender a sonreir desde adentro, es ser una con una misma.
Gracias siempre.
Siempre verdes y eternas.

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